Thursday, June 4, 2009

El Hueso de la Discordia

Miércoles 8:00 am. Llego a mi casa después de dejar a mis hermanas en el colegio. Mis perritas ladran como siempre, suplicando salir, estirarse y después de su rutina, recibir un premio. Ellas adoran unas galletas que tienen forma de hueso. Pero algo cambia... La pequeña se rehusa a comer su hueso, se dispone a esconderlo en su cama. Mientras, la grande se prepara para engullir su manjar. La pequeña llega otra vez a la cocina. Se miran y se ponen en alerta. La grande sólo es agresiva en una cosa: proteger a toda costa su comida. En menos de un segundo, las dos comienzan a rodar en el piso. Rápidamente me dispongo a separarlas. ¿El saldo? Pequeños sollozos en sus ojos. 
La pequeña es reprimida, confinada a pasar 5 min en el patio, sola. La grande aprovecha que su contrincante se ha marchado y se dispone a celebrar con su recompensa. No sin antes dirigirse a la cama a también devorar el del oponente vencido.

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